A fin de cuentas, un justo campeón

December 21, 2008 · Imprime este artículo

No, el juicio no se basa sólo en lo visto en los dos partidos antes Palestino en la recién terminada final del Torneo Clausura 2008; porque el balance general indica que los albos fueron con todos sus propios problemas bastante más que el equipo de Luis Musrri.

No, la idea de que Colo Colo es un justo campeón se refiere a que durante este segundo semestre siendo parecía dar la impresión que el popular, tal vez no el mejor equipo, pero sí el máximo candidato al título. Y como nuestros campeones hoy en día no se eligen gracias a regularidad sino a un buen juego en pocos partidos -los playoffs- la base de un equipo que este sábado celebró su quinto título en tres años todavía parece ser demasiado para la competencia.

Puede que la U haya terminado como el famoso ‘Chile 3′ (como bien lo recordó la hinchada alba en el Monumental), o que equipos como Rangers, Cobreloa o el mismo Palestino hayan tenido buenos momentos durante la fase regular. Pero siempre estaba esa impresión en el aire de que la suerte del campeonato dependía en lo que Colo Colo hiciera o no.

Y eso se confirmó en los playoffs. Huachipato le hizo pasar varios sustos, pero se impuso la mayor categoría en estas instancias. Cobreloa para algunos mereció ser el finalista, pero la regla de los goles como visita era sabida por todos, mientras Palestino resistió como pudo (más de lo que cualquiera habría pensado en realidad), pero no tenía lo necesario para celebrar una estrella.

Y aunque ninguno de los dos partidos en la final fueron un gran espectáculo, hay que darle las gracias a los árabes por al menos haber hecho las cosas interesantes. El 3-1 de la vuelta parece expresivo, pero esa diferencia sólo fue marcada en el segundo tiempo, o si no pregúntenle a la gente que repletó el recinto de Macul cuan seguros se sentían en el entretiempo cuando Palestino, otra vez, les había empatado haciendo gala de su ridiculamente alta eficacia.

Pero claro, fue en la segunda fracción cuando esos pequeños detalles que van haciendo a los campeones se notaron. La visita intentó ser más protagonista de lo habitual, pero no tenía las armas para atacar con una banca que brilló por su falta de profundidad. Y acrecentado en el tema de los creadores que debían liderar esa apuesta: no estaba Boris Sagredo, el ‘Bocha’ Carrasco no estaba físicamente a punto y Hector Pericás duró sólo diez minutos. Para peor, Pavez debió irse con un tec cerrado, disminuyendo aun más las opciones de Musrri.

Pero las excusas, a la FIFA. Ahora es el turno de la fiesta alba, que demostró que con un gran ataque se puede compensar un defensa lenta y poco segura. Con Lucas Barrios dispidiéndose del equipo como mejor sabe, haciendo goles, con buenos apoyos de Daud Gazale y Rodolfo Moya, que borraron varias dudas en estos playoffs. A eso súmele a Rodrigo Millar, que con Marcelo Barticciotto en el banco encontró la confianza que le faltaba, y el colombiano MacNelly Torres, quien si bien jamás jugará como los 2 millones de dólares que costó, fue un buen creador.

Aunque la clave seguirá siendo la dupla de Arturo Sanhueza y Rodrigo Meléndez. Con su única capacidad para desarmar rivales, futbolística y mentalmente, Colo Colo siempre tendrá una chance de campeonar. Sin importar quien haga los goles, porque en los albos todos los delanteros parecen hacerlos, ni el técnico de turno.

Antes fue Borghi, ahora el Barti, pero para salir campeón en este país a ratos parece que sólo vale vestir la camiseta alba.

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