Caras pálidas en el Azteca
May 17, 2010 · Imprime este artículo
Nadie se bajó los pantalones en el Coloso de Santa Úrsula, pero la actuación de la Roja ante México causó rostros tan albos como unas ancas desnudas. Jugadores negligentes, sin fuerza, creatividad ni precisión configuraron un panorama mediocre que facilitó la derrota por 1-0 frente a los norteamericanos y que bombardeó de dudas la cabeza de Marcelo Bielsa, a menos de un mes de que se inicie Sudáfrica 2010.
Cierto, Chile padeció la ausencia de todo su frente de ataque, incluidos suplentes. Sin embargo, mucho de sus relevos y quienes se juegan la posibilidad de estar entre los 23 que van al Mundial, debían al menos mostrar algo de ganas por la oportunidad. Salvo José Pedro Fuenzalida, el resto de los que estuvieron a prueba guatearon de manera soberbia. Jaime Valdés por la izquierda y Pedro Morales por la derecha, si bien no actuaron en sus posiciones y tuvieron que aperrar como extremos, ni siquiera establecieron un ritmo de juego adecuado a sus condiciones. De los dos, el caso más flagrante fue el de Pajarito, quien pese a no formar parte del proceso siempre exigió, a cuanto micrófono que se le cruzara, que merecía una oportunidad. El rosarino le dio la chance, pero su nivel fue discretísimo: resbalando constantemente y sin ningún tipo de entendimiento con su compañero de banda, Roberto Cereceda, otro que fue fantasma en el Azteca.
Dichas falencias comenzaron a expresarse desde el amanecer del partido y tuvieron su mejor ejemplo a los 13′, cuando Alberto Medina recibió solo en la media luna nacional para castigar a Luis Marín. El mismo Venado, más el legendario Cuahtemoc Blanco, el veloz Andrés Guardado y el emergente Javier Chicharo Hernández, lucían una dinámica insostenible para los de Bielsa. Tanta era la presión que los rojos no podían darse pases entre ellos, en un virus que afectó también a números puestos en la cita africana, como Waldo Ponce, Arturo Vidal y Rodrigo Millar. Las preocupaciones también se extendían al nuevo decepcionante registro entregado por Matías Fernández. El Loco intentó aleonarlo entregándole la cinta de capitán, pero el calerano naufragó sin poder guiar al equipo y cayéndose varias veces, al efecto de un soplido.
México, que se despedía de su gente, dominaba sin contrapeso. Su golero, Memo Ochoa, fàcilmente podría haberse pegado una buena siesta y haber despertado sin goles en contra. Sus compañeros hacían la pega sin respuestas al frente y si no convirtieron más es porque fueron presa del pecado que los ha perseguido en toda la preparación: la falta de finiquitación. En resumen, el primer tiempo fue fiasco. En el complemento, las cosas tendieron a mejorar en el inicio, cuando Jorge Valdivia, improvisado como 9, decidió tirarse un poco más atrás para organizar el juego. Un par de pases entre líneas le bastaron al Mago que hoy por hoy está un escalón más arriba que el Mati en esa labor y Bielsa debe comprenderlo.
El DT rosarino, alentado por el rendimiento del mismo Valdivia decidió liberar a Fuenzalida por la derecha, haciendo ingresar a Manuel Iturra. El plan sonaba bien, pues por la izquierda la entrada de Jean Beausejour también había tenido efectos, considerando sus características más afines al trabajo de puntero y a la precisión que mostraba el 10. Sin embargo, la estrategia se fue al cuerno en apenas 120 segundos, los que le bastaron a Coloco para colocarle una chuleta imprudente y desde atrás al crespo Guardado. La tarjeta roja no se hizo esperar y si bien Chile logró controlar las embestidas mexicanas, gracias al mejoramiento en las performances individuales defensivas, el sueño de emparejar el guarismo se convirtió en polvo y más allá de que ni siquiera se merecía.
Quizás fue la peor presentación de la Roja al mando del rosarino, pero afortunadamente sólo fue un amistoso. Ahora la Selección vuelve a Chile, donde espera una agenda apretada, aunque con rivales no tan duros: Zambia, Irlanda del Norte e Israel. Lo bueno es que ya estarán todos y aora sí que no habrá excusas.


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