Cinco conclusiones de un ATP a la chilena

February 8, 2010 · Imprime este artículo

Feña2Con el triunfo del brasileño Thomaz Bellucci sobre el argentino Juan Mónaco, se puso cierre a la edición 2010 del Movistar Open o ATP de Chile, que este año volvió a Santiago, aunque un suburbio, tras nueve temporadas en Viña del Mar.

Como lo adelantamos hace unos días, muchas dudas se ciñen sobre un evento que (todavía) puede respirar tranquilo, pero que sigue sin resolver los mismos detalles de siempre, añadido a un público al que habrá que convencer con algo mejor para que retorne en el futuo.

A continuación, las cinco principales conclusiones.

CHICUREO NO ES LA SOLUCIÓN DEFINITIVA: Los hermanos Fillol sacaron el torneo de Viña básicamente porque la Ciudad Jardín seguía sin asegurar una sede estable, pero la Hacienda Piedra Roja de Chicureo no solucionó ninguno de los inconvenientes que se presentaban: las canchas seguían pareciendo improvisadas (lo que en una superficie como la arcilla es más notorio), el estadio prinicipal sigue siendo un gran estructura mecano que desaparece a los pocos días, para no hablar de las canchas secundarias donde con suerte había espacio para los jueces de línea. A menos que la comuna de Felipe Camiroaga se decida por una estructura física más estable, habrá que seguir buscando dónde jugar.

SE PERDIÓ EL FACTOR ‘VERANO’: Si algo bueno tenía jugar en Viña es que se contaba con una enorme cantidad de público flotante que, de seguro si veía que jugaba Fernando González, podía sacrificar una noche de carrete por una entrada al tenis. Pero en Chicureo la cosa es otra: los que llegan son porque planificaron con tiempo un traslado sólo posible con vehículo propio en una localidad de altos recursos que de por si tiende a vaciarse en febrero, con mucha gente viajando justamente al Litoral Central. No existe la posibilidad de captar público espontáneo, lo que quedó en evidencia todos los días, cuando ni la presencia de ‘Feña’ logró llenar un court para no más de 3.500 personas.

‘FEÑA’ NO PODÍA GANAR PARA SIEMPRE: Dos veces seguidas campeonando (sumado a otros dos títulos previos) son una gran cosecha para cualquier jugador en cualquier torneo, pero fue evidente que Fernando González no llegó en su mejor forma física al único evento donde es local. Puede ser que la rodilla que le complicó en Australia no fue tanto factor como se creía, pero nunca pareció estar a plenitud y de hecho sólo perdió ante Bellucci en semis por un virus estomacal, en un partido que tenía en el bolsillo. Dicho eso, no repetir el título no significa nada para ‘Mano de Piedra’ más allá de una decepción pasajera, porque sabe que una vez recuperado volverá a mostrar su nivel usual.

¿RECAMBIO? POR FAVOR: Llevamos años diciendo que el vacío tras González y Massú es abismal, pero ahora que jugaron más chilenos que nunca la cosa ya parece apocalíptica. Paul Capdeville ya pasó hace rato la edad donde si no hiciste algo bueno no lo harás nunca (va a cumplir 27) y su ránking sigue cayendo a paso sostenido bien lejos del top-100, por lo que ya es tiempo para sacarlo de la discusión).

El resto tiene más margen pero no tanto. En un circuito que cada vez exige a una maduración mayor, Guillermo Rivera (21 años, 422º), Hans Podlipnik (22, 517º) y Ricardo Urzúa (20, 906º) no han dado una sola seña que haga esperar algo grande. Sólo Cristóbal Saavedra, quien con 19 años ya es el cuarto mejor chileno (395º), parece ser un pequeño rayo de esperanza, pero por ahora es más lo que se cuela por una rendija que una luminaria.

YA NO ES TIEMPO DE PREOCUPARSE POR MASSÚ: A él no le gusta admitirlo y conociéndolo de seguro nunca lo hará, pero Nicolás Massú jamás volverá a hacer el mismo, pese a que su discurso asegura que esa es su meta inmediata. A lo más puede apuntar a pelear el título de un challenger, pero hacer algo destacado en un ATP de primera línea está fuera de su alcance, físico y tenístico. Puede que la Copa Davis que se acerca pueda hacer que ciertos locutores hiperventilados vuelvan a declarar que “el Nico está vivo, viva Chile mierda”, pero cabe recordar que esa imagen fue sólo gracias a jugar como cinco horas para vencer a un austríaco mediocre que estaba por el 150º del ránking y con todo el público a favor. Como la serie ante los israelíes podría presentar una situación parecida puede que la ilusión se reactive, pero no tenemos que engañarnos, y mejor asumir que nuestro gran héroe olímpico ya es más historia que presente.

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