Cuando los árbitros también celebran
July 31, 2008 · Imprime este artículo
Tras el escándalo que sacudió al fútbol italiano poco antes del comienzo del pasado Mundial de Alemania 2006, pocos se acuerdan que uno de los grandes damnificados fue un árbitro.
Porque, mientras equipos como la Juventus perdieron la categoría y otros como el Milan y la Lazio cedieron varios puntos, el conflicto también terminaría gatillando el retiro del juez más reconocido en las últimas décadas, el calvo Pierluigi Collina.
En realidad, para ser justos, nadie castigó a Collina o le probó alguna participación en nada parecido a partidos arreglados o cosas así, porque él simplemente renunció. ¿La razón? No podía seguir en un medio y una actividad que, con razón o no, desde ese fatídico 2006 comenzaría a mirar con otros ojos su desempeño, preguntándose o no si los siempre presentes errores eran involuntarios o guardaban relación con ‘algo más’.
En definitiva, Collina se fue porque creía que no podía hacer su trabajo en un ambiente de constante pregunta.
¿A qué viene todo esto? A que ojalá no sea algo parecido lo que ocurra de ahora en adelante con nuestro Carlos Chandía, quien en un arrebato de ‘humanidad’ para muchos contraproducente con su oficio, no tuvo reparos en aplaudir a Gastón Cellerino luego que el pasado fin de semana anotara el mejor gol del año.
Es cierto que el consenso general fue más o menos de aceptación, básicamente porque era Chandía, un tipo querendón que no tiene enemigos y que pese a sus constantes apariciones en los medios se hizo primero un nombre como uno de los mejores árbitros de nuestro medio.
Pero tal vez haya un problema, en especial si le corresponde arbitrar nuevamente a Rangers en un futuro cercano, en un partido de marcador cerrado. No sería descabellado creer que ante una decisión polémica, a los jugadores del equipo contrario por lo menos no se les pase por la mente recordarle esa celebración, tal vez señal de un cierto favoritismo hacia el cuadro talquino.
Siempre se dice que los ‘árbitros se equivocan porque son humanos’, pero esta es nuestra oportunidad como medio futbolístico para demostrar la madurez necesaria para entender que no sólo son humanos, sino que también ‘les está permitido tener emociones’.
No estamos acostumbrados a ver un árbitro como persona, siempre siendo más el villano que el héroe de la película. Pero la misión es ahora entender que si Chandía aplaudió fue sólo porque el gol de Cellerino lo merecía, sin verle dobles intenciones a su accionar.
Porque, como antes dijo Collina, “si comenzamos a ver cada decisión referil como algo que tiene una explicación más allá de nuestro margen de error lógico… disculpen señores, pero yo en ese fútbol no quiero seguir”.

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