De esto se habla en la NBA

April 2, 2010 · Imprime este artículo

Quedan dos semanas para los playoffs, pero la siempre excitante postemporada es hoy el segundo tema más importante en el mundo de la NBA, y con razón. De hecho, es el tema dominante hace por lo menos dos temporadas, cuando la gente (y los equipos) se comenzaron a dar cuenta que tras el cierre de esta campaña una cantidad inusitada de superestrellas quedaría liberada de sus contratos, la mayoría de ellas lo suficientemente jóvenes como para proyectar un equipo ganador de aquí a cinco o diez años más.

Vamos por parte. En la historia de la NBA, sólo una vez un jugador de elite ha cambiado equipos a través de lo que se conoce como la agencia libre (o sea, cuando el convenio con su escuadra termina) y no en base a trasapasos o acuerdos truculentos: Shaquille O’Neal, quien en 1996 rompió el corazón de todo Orlando cuando se fue del Magic para ganar un dineral en Los Angeles Lakers. Claro, ‘Shaq’ siempre fue un tipo especial capaz de hipotecar el éxito deportivo por lo irresistible que sonaba jugar en Hollywood, aun cuando la movida le salió bien y los tres anillos que ganó junto a Kobe Bryant le pusieron en la historia de la liga.

¿Por qué tanto alboroto entonces? Porque pese a que es probable que nada pase, hay muchos factores que hacen tener esperanzas de ver uno de esos eventos que cambian el destino de una competencia.

El primer objetivo de todos tiene un nombre y apellido claros, Lebron James. El ‘Rey’ cada vez más se parece a Michael Jordan en cuanto a estadísticas, marketing y capacidad para ganar partidos solo, pero le falta un título. Cleveland vuelve a ser un candidato de primera línea a ganar esta temporada, pero también lo era el año pasado y fracasó, por lo que un nuevo tropiezo podría motivar un cambio de aires.

No solo eso. James ha dicho más de una vez que quiere convertirse en el deportista mejor pagado de todos los tiempos y por eso muchos equipos han estado haciendo movidas por meses para tener la billetera más amplia. Una posibilidad seria han sido los Knicks, quienes además de tener el dinero tienen el plus de estar en Nueva York, la meca del mundo donde Lebron subiría sus bonos publicitarios en forma estratosférica. Cerca están los Nets de Nueva Jersey -algo así como un suburbio de la Gran Manzana- que cuentan a su favor con la llegada de un magnate ruso con promesas de millones de petrodólares y con la presencia del rapero Jay-Z como uno de los propietarios, amigo íntimo de James.

Pero ambos tienen un pero gigante: lo deportivo. A comienzos de la década pasada los dos equipos habrían sido interesantes, pero ya llevan años dando pena. De hecho, los Nets sólo esta semana dejaron atrás el fantasma de convertirse en el peor equipo de todos los tiempos mientras los Knicks siguen pagando terribles decisiones técnicas en años recientes, por lo que cada vez parece menos probable que el alero vaya a aceptar un poco más de dinero y fama por hundir su carrera en franquicias sin rumbo.

Los Angeles Clippers y Chicago Bulls son otros también con mucho dinero disponible, y con mejores planteles ahora y a futuro, pero también tienen sus desventajas. Los Clippers no sólo comparten el mismo estadio donde Kobe Bryant es genio y figura con sus Lakers, por lo que tal vez deba esperar hasta su retiro para ser la gran estrella en la ciudad, sino que cargan además con una larga historia de mala suerte que puede alejar a cualquiera. Mientras los famosos Toros tienen en contra su historia: Lebron quiere alcanzar y superar a Michael Jordan, pero siempre será visto como su segunda versión si lo hace en el uniforme que hizo famoso a el ‘Aéreo’, en el estadio que él ayudó a construir y que para ingresar te presenta su estatua junto a la entrada principal.

Todo es especulación porque pasa el tiempo y parece que no hay mejor opción que Cleveland. Lebron es oriundo del estado de Ohio, ahí construyó hace unos años la casa de sus sueños, y una para su madre, y es un dios en una ciudad que jamás contó (en ningún deporte) con una estrella de su calibre. Deportivamente, incluso si los Cavaliers fallan en ganar el título de nuevo seguirán siendo competitivos con la base que tienen por uno ó dos años más, y la gerencia ya ha demostrado que no teme endeudarse con tal de mantener contento a su ícono.

Sin embargo, en el panorama ha aparecido un contendiente de última hora: Miami. El Heat está viviendo su propia teleserie planeando como mantener a Dwyane Wade, el hombre que les llevó al título en el 2006, y que es por edad, talento y capacidad el objetivo más apetecible tras Lebron en este pretemporada. Hasta ahora parece que el mejor postor es Chicago porque es la ciudad donde nació, además de todos los demás que lo podrían considerar como un premio de consuelo de lujo, pero su reciente divorcio desvanece el aspecto emotivo ya que su ex-esposa se quedó viviendo, por lo que suena lógico evitar roces indeseados.

Pero si la conversación sobre ‘Flash’ no es tan grande como con James, considerando que el sí sabe lo que es ganar un título, es porque ha dicho que su prioridad es permanecer en Miami y eso podría terminar siendo el gran gancho del equipo para atraer al de Cleveland. Porque, a igualdad de dinero, se le ofrecería el irresistible panorama de formar la que podría ser la dupla más temible de todos los tiempos, y que por edad bien podría dominar la liga por un buen tiempo. Ambos son también amigos y se cansaron de decir lo bueno que sería jugar juntos luego de compartir en los últimos JJ.OO de Beijing, donde demostraron que se complementan bastante bien.

Pero el frenesí no se detiene sólo en estos dos nombres. Pocos se acuerdan que Kobe Bryant también finaliza su actual convenio al final de esta campaña pero nadie le tiene como objetivo porque lleva meses ‘trabajando’ con los Lakers un nuevo acuerdo, en una relación que es provechosa para ambos.

Hay más. Son muchos los equipos que han hipotecado su presente para tener muchos millones y así poder ir tras más de una estrella. Por eso, tras James y Wade, el alero de Toronto Chris Bosh es el tercero en la lista de preferencias, no sólo porque es el mejor hombre alto que estará disponible sino también porque se le proyecta como un complemento de lujo para uno de ellos aunque él haya aclarado que (por ahora) no le interesa ser la segunda estrella en ningún lado, lo que podría cambiar.

No tan jóvenes pero todavía al tope de sus juegos están otros. Irresistible sería la mezcla de tamaño y talento del alemán Dirk Nowitzki, pero como su compromiso con el único equipo donde ha jugado, Dallas, parece sólido, su efecto también puede ser el del anzuelo que atraiga a alguien para formar una sociedad de lujo. Joe Johnson no será una superestrella total pero se sabe que por su estilo no tendría problemas para jugar con nadie, e incluso sería un gran jugador para rodear de talento si Atlanta no lo puede retener. Buscando puntos y rebotes aparecen Amare Stoudemire y Carlos Boozer, que podrían tener sus días contados en Phoenix y Utah respectivamente pero que asoman como objetivos interesantes para gastar unos millones. A los veteranos es más difícil atraerlos por las raíces que han hecho en algunos equipos, como Paul Pierce (Boston), Manu Ginóbili (San Antonio) y el chino Yao Ming (Houston), pero hay otros que se podrían transformar en las piezas restantes en ecuaciones ganadoras, como Ray Allen, Richard Jefferson, Tracy McGrady, Marcus Camby e incluso Shaquille O’Neal, quien gordo y viejo sigue teniendo la capacidad para ser un factor.

Incluso hay una realidad de mercado que va a pasar sí o sí. Hay tantos equipos con dinero siguiendo los mismos jugadores que varios se verán obligados (hasta por sus hinchas)  a gastar plata en jugadores de segundo orden para usar sus ahorros. Y no es por faltar el respeto a valores interesantes que siguen mejorando como David Lee, Rudy Gay, Raymond Felton, Randy Foye, Ronnie Brewer y Tyrus Thomas, porque cualquiera podría dar el último salto de calidad con un cambio de aire y de equipo, pero es seguro que al menos uno de estos nombres que en otra época estarían destinados a los segundos planos recibirán el contrato de sus vidas por nada más que las reglas de la economía.

La misma economía que nos tiene esperando ver si pasará algo que cambie el mapa de la NBA.

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