El Hoffenheim, un submarino a la alemana

November 3, 2008 · Imprime este artículo

Bayer Leverkusen ha maravillado con su excelente comienzo de temporada en la Bundesliga. Clave en la gran campaña del conjunto de Bruno Labbadia ha sido Arturo Erasmo Vidal. Celia Punk, pese a seguir sabiendo menos de alemán que de física cuántica, se ha transformado en referente obligado e incluso ha anotado dos conquistas para el elenco que brilla por su juventud y esfuerzo colectivo. Nadie se extrañaría si el equipo de la aspirina fuera el líder del torneo. Sin embargo hay un pero y se llama Hoffenheim.

¿Cómo dijo? Hoffenheim. Uno pudiera pensar en Bayern Munich, Schalke 04, Hamburgo o Stuttgart como rivales de mayor tradición, más famosos o de más alta alcurnia para batallar el título. Pero ¿quién conoce al Hoffenheim? Hace diez años, el ¿ex? pequeño cuadro azul era un vagabundo de la quinta división. Tenía menos gracia que Jorge Hevia. No obstante, tuvo la fortuna de que reapareciera un ex jugador de la escuadra, reconvertido en multimillonario, que se metió la mano al bolsillo para enchular al club de sus amores.

Dietmar Hopp, en algún momento de su vida detectó que sus habilidades con la pelota en los pies hacían florecer más improperios que aplausos, por lo que se dedicó a generar billetes en una empresa de software -SAP SG-. Y cuando ya no sabía que comprar se acordó del Hoffenheim. El equipo azul comenzó una escalada trepidante hasta la tercera división germana. Luego vino un pequeño estancamiento y el nuevo aire, que comenzó el 2006. Ese año llega a la banca, por cinco años, el técnico Ralf Rangnick, quien lleva a sus muchachos a segunda, donde dejaron su huella.

Hopp gastó casi 20 millones de euros para reforzar al equipo. Sus máximas joyitas: el brasileño Carlos Eduardo, ex Gremio y catalogado en algún momento como el nuevo Ronaldinho Gaúcho (personalmente, una exageración, pero así es el márketing) y el nigeriano Obasi Chinedu, quien a los 19 años era tentado por Arsenal, Tottenham y Porsmouth, pero que prefirió dejar al Lyn noruego por esta aventura teutona, a cambio de siete palos europeos. La apuesta funcionó y el Hoffenheim ascendió a la Bundesliga, categoría que hoy domina.

Es cierto, recién van once jornadas y puede ser pronto para vaticinar cómo terminará la temporada para esta Cenicienta, pero el modelo es envidiable. Muy similar al mecenazgo de Fernando Roig en el Villarreal, otro equipo pequeño, pero que creció con el inicio de este siglo y hoy se sitúa dentro de las potencias del Viejo Continente. ¿Pasará lo mismo con este “Sumbarino alemán”? ¿Quién sabe? Mientras, sus cada vez más numerosos hinchas disfrutan del nuevo estadio que se inaugura a fines de año (para 30 mil personas y que tendrá el nombre, obviamente, de Hopp) y de estar sobre el Leverkusen, el Munich y toda su historia y estrellas, del Schalke, del Hamburgo, que sin Rafa Van der Vaart sigue golpeando, y del Werder Bremen, que con Claudio Pizarro en llamas y Diego recuperado comienza a retomar posiciones en una interesante batalla por la gloria.

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