Flojeando también alcanza

February 1, 2010 · Imprime este artículo

Colo Colo-Cobreloa

Pudieron haber sido cinco, quizás seis e incluso siete. Sin embargo, la desidia y la impericia de sus delanteros le impidió a Colo Colo establecer una goleada de esas para contarles a los nietos, en su duelo ante Cobreloa y el cual finalmente terminó con un -en vista a las circunstancias- apretado 3-1, que de todos modos les permitió a los albos sumar sus primeros tres puntos del Apertura y evitar que la imparable Universidad de Chile se les arrancara más para la montaña.

Las señales del desperdicio comenzaron temprano, en los pies de Ezequiel Miralles y del extrañamente impreciso Esteban Paredes. El Cacique entraba por todos lados, en parte por talento, pero por sobre todo merced a la liviana zaga loína. Sólo las manos de Felipe Hurtado erigían algo cercano al sentimiento de esperanza. Los hinchas se tiraban las mechas ante la farra, la cual acabó, paradójicamente, gracias a los propios naranjas: a los 21′, un centro de Chapa Fuenzalida fue a dar a los estoperoles de Cristián Olguín. Y Cepillín, en vez de despejar, la mandó dentro de su propio arco.

Con eso las clásicas dos líneas de cuatro de Raúl Toro se fueron al cuerno y los gritos del DT se hicieron comúnes. “¡Aníiiibal!” para retar a Domeneghini, un comilón con dos clicks en ofensiva, o “Booooriiiis” para pedirle a González que estuviera más atento en el mediocampo, pues Macnelly Torres y Rodrigo Millar se adueñaban de este sin más esfuerzo que un cansino trote. La noche se les venía a los zorros y si no hubo más goles fue por las razones ya expuestas: los de Pedrero andaban sin puntería. Al menos hasta el reinicio de la brega, cuando la zaga loína volvió a demostrar su escaso peso, en un intento de línea de off side. El balón le quedó a Paredes y éste en su único acierto en la jornada, castigó.

La conquista pareció saciar la sed alba. Sin embargo apenas iban 55′. Con algo de pundonor, entonces, y bien desordenadito, Cobreloa intentó una reacción. Primero con tiros desviadísimos de Johan Fuentes y luego con zapallazos para tratar de encontrar a Marco Lazaga, con tanta suerte que en uno de esos encontraron al famoso Cisarro, acortando inesperadamente el marcador, a los 67′.  Quedaban 23 minutos y de la nada los naranjas volvían a tener vida. Entró Ever Cantero y se preveía una avalancha naranja para tentar a Arenito Prieto con un error. No obstante, apenas 360 segundos después, Macnelly Torres metió un derechazo algo sucio para volver a estirar diferencias.

Olor a colonia

Para evitar nuevos sustos, Colo Colo ejerció dominio otra vez, mas ese control no se tradujo en nuevas anotaciones. ¿Culpables? Millar, Paredes, Graf. Todos desperdiciando opciones cantaditas y que llevaron al técnico Hugo Tocalli a pedir disculpas por la falta de finiquito.

Pero en Macul no fue el único lugar donde hubo excusas. También existieron en Santa Laura, donde Rubén Israel debió salir a poner el pecho, después de que Unión Española desaprovechara una ventaja de 2-0 ante Audax Italiano para terminar conformándose apenas con una igualdad. Los rojos lograron adelantarse mediante un doblete de Fernando Chiqui Cordero, quien en ambas ocasiones la embocó como un fuera de serie: un zurdazo donde las arañas tejen su nido y otro previo control dirigido con túnel a Boris Rieloff incluido.

Los floridanos no tenían capacidad de reacción y además sufrían por los imbéciles insultos de la barra hispana en contra del golero Jhonny Herrera, a quien le recordaban el atropello que protagonizó y que le causó la muerte a una joven veinteañera, en diciembre pasado. “Asesino”, le enrostraban. El pozo en que caían los verdes parecía profundo, no obstante, luego del descanso Pablo Marini ordenó el ingreso del brasileño Roverbal y la apuesta tuvo frutos: Cristián Reynero y Cristian Canío igualaron y por poco no arrasan para conseguir la victoria. Al final un 2-2 que no dejó a todos felices en las colonias.

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