Golpean a los santos y se aferran a Primera
December 3, 2009 · Imprime este artículo
Alejados del glamour que significaba la definición de los finalistas del Torneo de Clausura, otros cuatro equipo del balompié criollo salieron a la cancha con urgencias más mundanas: mantenerse o acceder a la división de honor. En Quillota, San Luis, representante de Primera B, por ejemplo, quería lograr una ventaja ostensible sobre su visita, Curicó Unido. No obstante, la realidad sería bastante cruel con la pretensión canaria.
El cuadro, donde en los 80 brillara Pato Yáñez, Pindinga Muñoz y Pititore Cabrera, de hecho, ya lloraba como una Magdalena apenas en el minuto 7, cuando Juan José Albornoz -Jota Jota para los amigos- ponía la pelota en un ángulo de Luciano Palos, mediante golpe de su lustrosa pelada. El sueño comenzaba a desmoronarse, pero en 180 segundos volvía a aparecer en el horizonte, gracias al goleador Mario Pierani. La algarabía fue instantánea y los quillotanos fueron por más.
El gran problema fue que los torteros impusieron sus términos en el círculo central y manejaron a su antojo los vaivenes del match, con técnicas como la “jaula del pájaro” y que tuvieron su fruto cuando Jay Jay Albornoz se vistió, nuevamente, de verdugo para poner el definitivo 2-1 que favoreció a la visita y que le hizo obtener una gran ventaja para la revancha que se jugará en San Fernando o Rancagua, de cara a mantener la categoría.
Ese mismo objetivo estaría cumpliendo Palestino, que viajó a Arica para enfrentar a San Marcos y regresó con un cómodo 2-0 a favor. Los locales, al mando de Hernán Clavito Godoy, recurrieron a la contratación de última hora de veteranas glorias del fútbol nacional, como Carlos Verdugo, Raúl Palacios y el ex empresario de ñandúes, Cristián Montecinos, sin embargo dichas incrustaciones no significaron finalmente una diferencia que se manifestara en los guarismos.
Y es que el devenir del encuentro empezó a sellarse tempranamente, tras un acierto de Pablo Pereira, a los 7. San Marcos intentó dar algún manotazo para el honor, mas sus intentos se diluían con facilidad, mientras que el contraataque árabe se tornaba en algo letal. ¿El mejor ejemplo? A los 62′, Paco Ibáñez puso el definitivo marcador, casi sepultando la ilusión norteña. Y si bien los tricolores se quedaron con diez a los 88, por expulsión de César Henríquez, ya los dados estaban echados.

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