La Copa Libertadores en "Las Manos de Ecuador"
July 3, 2008 · Imprime este artículo
Por noventa minutos, José Francisco Cevallos, convivía en el reino de la desilusión, en esa sombría soledad a la que los arqueros se deben acostumbrar cuando los apuntan con el dedo por haber errado en una estirada que hizo explotar de alegría al rival. Liga Deportiva Universitaria de Quito había ganado por 4-2 la primera final de la Copa Libertadores ante Fluminense y este miércoles llegaba al Maracaná
armada hasta los dientes para defender el resultado y entregarle a Ecuador su primer cetro continental a nivel de clubes. Y si bien a los cinco minutos la tarea parecía más fácil de lo planeado gracias a un gol de Luis Bolaños, la noche se puso gris para los “merengues” cuando despertó Thiago Neves en el Flu para desnudar las falencias de Pancho en el pórtico. “Las Manos de Ecuador”, como lo llaman en su país, sufría como ninguno, pues al final del juego veía como su tercera chance de poder alzar el máximo trofeo se iba al cuerno. Sin embargo, el hombre tenía sus cartas guardadas y las sacó en el momento preciso, cuando las piernas ya no daban más y la definición de la tetranovena edición de la competencia sudamericana se iba irremediablemente a los penales
En la primera jugada del duelo, Joffre “Dinamita” Guerrón, una de las sensaciones del certamen y próximo fichaje de Getafe descargaba toda su velocidad para castigar a Fluminense con un centro atrás que dejó sólo -con ayuda también de Claudio Bieler, que arrastró las marcas- a Bolaños. Quito y toda Ecuador empezaban a vivir su propio Maracanazo. No obstante, el “Tricolor” con el apoyo de su gente a los 11′ ya tenía todo bajo control: un remate seco de Thiago Neves y la lentitud de Cevallos emparejaban todo. El Flu machacaba y necesitaba aún dos goles para pensar en los penales. La presión era insostenible y la defensa “alba” ayudaba a la causa con su nerviosismo. Los laterales Paul Ambrosini y Jairo Campos no daban la talla, mientras los centrales colaboraban un poco más, como en la jugada del desequilibrio: la linea de cuatro paveando en un lateral, desborde y Neves sacaba chapa de crack.
A los de Laranjeiras les quedaba un gol. Y aún quedaba todo el segundo tiempo. Liga, que alguna vez fue dirigida por Manuel Pellegrini antes de su paso por Argentina, se aplomó dentró del campo pese a la inexistencia de su conductor Damián Manso y el excesivo individualismo de Guerrón, a quien de seguro ya se le fueron los humitos a la cabeza, pues nunca jugó por el equipo y siempre perdió surcando la galaxia de su banda ante Junior. Pero el emparejamiento de fuerzas no era suficiente. Thiago y su zurda seguían causando estragos. Más si contaba nuevamente con la complicidad de Cevallos en un tiro libre que significó el 3-1 a media hora del final.
Vino la resitencia quiteña, alentada por un poco más de mil ecuatorianos que “invirtieron” aproximadamente siete salarios mínimos de su país para poder estar presente en la cita con la historia. “Sí se puede, sí se puede”, cantaban y el ánimo se reconfortaba. El Flu se cansó y todo se fue diluyendo hacia el alargue, donde lo más importante corrió por parte de Carucha Bieler, a los 116, con un cabezazo perfectamente habilitado que se colaba en la red, pero que a Héctor Baldassi se le antojó off side. ¡Qué cerca de la gloria estuviste, Claudio!
Así llegaron los penales y la resurrección de Pancho. En 1990 era suplente en la primera final que disputó Barcelona de Guayaquil en la Libertadores, en 1998 atajó tres penales en la semifinal ante Cerro que nuevamente llevó a los amarillos a una definición, donde fueron derrotados por Vasco da Gama. ¿Sería la tercera, la vencida? Estaba en sus manos. Con 37 años y un desparpajo que quizás antes sólo tuvo Obdulio Varela en 1950, cuando Uruguay se convirtió en la mítica garra charrúa, demoró cada lanzamiento del Flu. Le tapó a Darío Conca, luego hizo show aparte con Thiago Neves. Baldassi tocó pito, pero antes de que el brasileño pateara hizo que no lo había escuchado. El Diez Tricolor había convertido, pero el juez argentino obligó a repetir y en el bis, y con los pies, Pancho despejó. Sus compañeros se preocupaban de convertir. Sabían que los rezos de su arquero de espalda al ejecutor antes de cada remate los llevarían a la gloria. Y si bien Cicero pudo evadirlo, Washington fue incapaz de batir a “Las Manos de Ecuador”. La Libertadores, por primera vez, conocerá las calles de Quito, pese a que la fiesta estaba preparada para Río de Janeiro, como quedó demostrado con el confeti lanzado por la organización para coronar al campeón, donde los colores predominantes fuero el blanco, el rojo y el verde, los del derrotado.


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