Lo que dejó el 2009 (1a parte)
December 10, 2009 · Imprime este artículo
A diferencia del año pasado, cuando aun restaba la conclusión de la Copa Chile 2.0 que terminó en el verano, la final del Torneo Clausura significó también el cierre cabal de la temporada del fútbol chileno. Y eso significa que es el inevitable tiempo de hacer balances.
Valga la aclaración, dejaremos para un poco más adelante todo el tema de la Selección, enfocándonos por ahora en la competencia local. Y en esta primera parte nos encargaremos de los tres capitalinos con más arrastre popular. Pero antes que nos critiquen de centralistas, el que los “grandes” hayan ganado los tres cupos disponibles para Copa Libertadores en un hecho inédito le da validez a la división, si bien el gustillo final de cada uno sea diferente.
El gran problema al momento de evaluar nuestro pobre pero querido torneo nacional es el lógico, con dos torneos que a veces guardan muy poca relación el uno con el otro. Y este 2009 no fue la excepción.
Si bien no se puede hablar de realidades completamente distintas, los grandes ganadores y perdedores del Apertura y Clausura son la cara más visible. Y si en el primer semestre todo parecía ser azul con el título de la “U” y la exclusión por primera vez de Colo Colo de los playoffs, seis meses después la pintura era exactamente la opuesta.
Mientras los albos supieron salir a tiempo de su crisis (con parámetros bastante más altos que para el resto) y encaminaron con Hugo Tocalli una de sus ya clásicas apariciones providenciales en la postemporada, a los universitarios se les cayó la estantería en la recta final. Era que no, el punto de quiebre para ambos fue el clásico jugado en el Monumental en octubre. No fue una victoria clara (1-0 con gol de Paredes) pero sí le dio aire al entrenador argentino y deprimió todo el proceso que José Basualdo creía iba a llevar a cabo en la “U”.
Las explicaciones para el fracaso del ex mundialista trasandino en la banca del chuncho ya son harina de otro costal a esta altura pero a grandes rasgos da la impresión que al equipo laico le pesó la conformidad. Con su primer título en cinco años y una decente campaña internacional en la Copa Libertadores, los seis meses restantes fueron casi una “yapa” en la que nadie invirtió mucho, partiendo por Azul Azul que no hizo casi nada para reforzar a una plantilla desgastada y cansada, que terminó fundida. Y que sin un DT veterano como Sergio Markarián no encontró respuestas para volver a surgir.
Otra vez, la cara opuesta estuvo en la otra vereda. Hasta ese recordado Clásico, la sensación en Colo Colo era que se le acababa el tiempo. Presos de todas las polémicas sufridas con Marcelo Barticciotto en los controles, los albos fueron de a poco escapando de su insólito miedo al descenso para darse cuenta que salvo un título su millonaria inversión se quedaría sin soporte alejado del contexto internacional en el 2010.
De hecho, Blanco y Negro sólo pudo respirar tranquilo tras levantar la corona que les dio el paso a la Libertadores del año que viene para el que sí podrán volver a invertir en grande.
Para la anécdota la imagen final, con Arturo Sanhueza levantando la copa. Hace doce meses, esa foto no habría tenido nada de extraña pero, tras todo lo acontecido este año, sirvió (casi) para volver a demostrar que las victorias lo tapan todo. Quedará a criterio de los hinchas colocolinos el decir si fue la justa recompensa para uno de sus valores históricos sindicado por Barticciotto como la real encarnación del mal; por cierto que todo lo que pasó no se ha olvidado por completo, pero la reconciliación total (si es que la habrá) es más posible.
Y en un segundo plano, de nuevo, Universidad Católica. Los cruzados estuvieran cerca en los dos torneos pero volvieron a irse con las manos vacías, más allá de la clasificación a la próxima Libertadores, claramente un premio secundario para hinchas que no festejan en grande desde el 2005, sobretodo si los dos grandes rivales sí celebraron.
Tal vez peor, el golpe de efecto que se intentaba contratando a Marco Antonio Figueroa no se produjo. Tal como el mismo “Fantasma” lo reconoció, su equipo podría jugar bien o mal pero no volvería a dudarse de su categoría. Pero, para su pesar, el mote de “secundones” y/o “arrugones” seguirá revoloteando incluso si llamar así a jugadores como Mirosevic, Damián Diaz y Jorge Ormeño es ridículo.
Lo que sí produjo el ex delantero como entrenador cruzado fue entretener. En especial en el segundo semestre, su equipo se demostró como uno que buscaba dar espectáculo (tal como lo hiciera el Cobreloa del año pasado) pero que por lo general se escondía bajo sus incendiarias frases, que siempre fueron agradecidas dentro de un medio repleto de frases trilladas y frases ya fabricadas y escuchadas mil veces.
Sería una completa pena que Figueroa se vaya. Pero incluso si podemos aceptar el terrible defecto de no dar la cara ante la derrota, la presencia del “Fantasma” es necesaria para todos, amigos o enemigos.

Comentarios
Got something to say?