Manual para hacer la cama

April 17, 2009 · Imprime este artículo

Marcelo Pablo Barticciotto fue el primer jugador en anotar un gol para Colo Colo en el Estadio Monumental. A Marcelo Pablo le faltan dedos para contar los títulos que logró con el conjunto albo, a Marcelo Pablo se le recuerda por haber hecho el gol a Boca Juniors en la semifinal de la Copa Libertadores y también por no haber celebrado un gol frente al equipo de sus amores, cuando defendía la camiseta de Universidad Católica. Marcelo Pablo también fue campeón con el Cacique cuando regresó a Pedreros como entrenador. Marcelo Pablo es ídolo de la Garra Blanca. Marcelo Pablo, etcétera.

Sin embargo, todo eso en la raya para la suma fue insuficiente. Seis partidos sin el orgasmo del triunfo (cinco tropiezos), un coqueteo permanente con los puestos de descenso y, sobre todo, la indecente táctica de la “cama” acabaron, por ahora, con su constante romance con el club creado por David Arellano. Sin piso y con cuatro instigadores, Marcelo äblo decidió renunciar al puesto de deté albo, desatando un verdadero terremoto, justo antes del Superclásico ante la U.

Yendo a los números, los registros del “Cantante”, como era tratado despectivamente en el camarín (merced a su aventura en el Festival de Viña, interpretando la infumable balada “Ya nada es importante”, junto al no menos insufrible Keko Yungue), no eran muy relucientes. En la larga y estrecha faja de tierra, estaba desafinando groseramente. Sin embargo, su línea de crédito tenía cupo gracias a su campante andar en Copa Libertadores, donde manda en su grupo y las puertas a la segunda fase parecen abiertas de par en par.

¿Por qué la diferencia de rendimiento? Hace por lo menos 30 días, el debate era ese. ¿Relajo local? Total llegaban los playoffs y todos se ponían las pilas, argumentaban algunos. Pero poco a poco, las máscaras comenzaron a caer. Algunas confesadas por el mismo incontiente verbal en que se transformó el Barti para salvar su cuello y otras que quedarán sepultadas bajo el estúpido “código de camarín”. ¿De las primeras? Rodrigo Meléndez, Miguel Riffo, Gonzalo Jara y Arturo Sanhueza -sí, con nombres y apellidos-, se transformaron en un brazo separatista, una especie de ETA futbolero, que atentó una y otra vez contra las planificaciones del entrenador argentino. Tanto, que Barti, decidió separarlos del plantel en la previa del duelo con Liga de Quito, para que dejaran de mosquear, jugando para atrás, dejándose perder.

Como político (no todos) que niega robar, los jugadores, obviamente, negaban el hecho de “hacer la cama”. Que eso nunca se ha visto en el fútbol, que es algo que para variar “inventa la prensa”. Sin embargo, en la cancha bastaba ver rendimientos y el hincha al menos tenía el válido derecho de dudar sobre el real esfuerzo que los players estaban poniéndole al problema. Y, justasmente, los nombrados eran los que más evidenciaban las pocas ganas de mojar la camiseta. Desde que Claudio Borghi se fue de Colo Colo, la calma se extravió. Why? Es sabido que el Bichi dejaba de hacer de todo a sus cracks, para tenerlos como seda y ellos respondían en cancha. No obstante, las llegadas de Fernando Astengo y luego Marcelo Barticciotto significaron el ingreso de una palabra extraña: disciplina.

Ellos no aguantaron retrasos, que se fumara y bebiera dentro del camarín, ni que jugadores llegaran trasnochados a los entrenamientos sin intención de mover sus traseros. Barticciotto mismo lo reconoció cuando su renuncia era un hecho, después de no sentirse respaldado por la dirigencia. Marcelo Pablo echaba rabia por laboca como perro rabioso, mientras la hinchada se encargada de despedirlo como ídolo y sindicando como traidores a los Meléndez, Riffo, Jara y Sanhueza, en un entrenamiento. Los hostigaron hasta el cansancio y exigieron sus partidas.

¿Y si son elementos podridos, porque no los mandan a freir sopaipillas? Para los dirigentes era más barato cortar el vínculo con el deté. Además, en el caso de Jara, su juventud lo hace un valor exportable, por ende, dinero para las arcas de ByN. Se aclara la película, ¿cierto? ¿Barti, una víctima? Tampoco hay que exagerar, el hombre cometió errores. Le faltó paciencia, astucia. Los cabrones no son nuevos en el fútbol, él fue uno de ellos, junto a Ivo Basay, Rambo Ramírez, Marcelo Espina y una larga lista de futbolistas que se creen los dueños de la verdad, los “bacanes” que a los juveniles los hacían “aprender” a charchazos, tratándolos como “gomas”. Barti sabía lo que iba a causar si habría la boca, así que ahora a llorar a la iglesia. 

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