Primer Balance: Más o menos nomás
February 4, 2010 · Imprime este artículo
Siendo generosos, la noche del miércoles habían 1.500 personas observando en vivo y en directo el partido estelar del ATP Movistar Open, más conocido como el Abierto de Chile.
¿El problema? Ese encuentro nocturno correspondía al encuentro de Fernando González, la gran estrella del campeonato, el referente del tenis chileno, el ídolo nacional, y que menos de 24 horas antes había demostrado su gran nivel barriendo al español Óscar Hernández.
Pueden decir lo que quieran. Que la programación fue tan sobre la marcha que ni el mismo ‘Feña’ sabía que jugaba ese día hasta la mañana misma, por lo que mucho público podría haber fallado en su planificación. Que el rival de turno, Rubén Ramírez-Hidalgo, no era precisamente una atracción para ver. Pero, ¿1.500 personas?
El hecho sirve para reflejar que el único torneo profesional de tenis en nuestro país está en un estado peligroso. Todavía no es crítico, porque el evento de los hermanos Fillol pertenece al ‘paquete’ de los eventos latinoamericanos (junto a Buenos Aires, Costa do Sauipe y Acapulco) por lo que tiene un cierto colchón de protección, pero las críticas de jugadores, las bajas asistencias y la pronta extinción de valores locales de nivel bien podrían ser amenazas a mediano plazo.
Para peor, la que planeaba ser una solución como llevar la sede a Chicureo no ha resultado. Es cierto que todavía es temprano y cualquier balance serio debe esperar hasta después de la final del domingo, pero la situación es evidente.
La gran decisión para abandonar Viña del Mar luego de nueve ediciones fue el de las canchas. Desde el 2001 hasta el 2009 todos los jugadores, desde Gustavo Kuerten hasta Jorge Aguilar alegaban por una superficie dispareja, poco trabajada y que decidía por lo menos cinco puntos por set, todos criterios impresentables para un evento profesional. La culpa de los Fillol era moderada reconociendo que no habían podido hallar una sede estable con canchas durante todo el año, requisito clave para que la arcilla esté presentable, pero Chicureo no parecía la opción.
Primero, la Hacienda Piedra Roja tampoco tiene un circuito de canchas establecido, y sólo permite la construcción de las canchas algo así con un mes antes que el Club Naval de Las Salinas, lo que no ha cortado los reclamos de los jugadores.
Segundo, la gran razón para abandonar Santiago en los comienzos de este torneo fue el de la distancia, ya que tanto Santa Rosa de Las Condes (93-94) como San Carlos de Apoquindo (del 95 al 2000) quedaban bien lejos del centro de Santiago, haciendo que el tener auto fuera casi un requisito para si quiera pensar en ver un partido ¿Pero Chicureo, donde no llega ni el Transantiago y que está más cerca de la Quinta Región?
Si era por buscar un lugar con pedigrí y bien lejos, mejor era pedirle un espacio en la hacienda a Felipe Camiroaga, cosa de por último ver a algún famoso.
La distancia hasta Chicureo ha hecho que los precios sean más prohibitivos que antes. Hasta el año pasado, con el torneo en pleno Viña del Mar, muchos veraneantes estaban dispuestos a cambiar una noche de carrete por ver un partido de tenis porque, total, ya estaban por ahí. Pero en Chicureo no hay nada, y ni los mismos locales han prendido mucho.
Por eso, si bien no es claro que hayamos retrocedido con el cambio de sede, obviamente no se ha avanzado. Seguimos rogando porque Fernando González siga ganando y ganando cosa de asegurar algo de público por lo menos con la jornada nocturna, siendo el único jugador realmente atractivo para ver por el público general.
Eso nos lleva a la última amenaza para el ATP criollo: el nivel. Antes tener a ‘Feña’ y a Massú aseguraba siempre al menos dos jugadores de categoría internacional, pero con el declive del ‘Nico’ ya no lo podemos sostener, lo que nos deja con solo uno. Sumémosle que las grandes figuras argentinas jamás van a venir (Del Potro y Nalbandián) los demás están todos lejos de sus mejores tiempos (Acasuso, Chela e incluso Mónaco), mientras ya no hay estrellas brasileñas o peruanas, quedando sólo Nicolás Lapentti, quien había anunciado su retiro antes de este año.
Los españoles que casi nunca fallaban, también lo están haciendo. De hecho, el hispano con mayor pedigrí que llegó a nuestro país fue Marcel Granollers (?), con cualquier esperanza de tener a Robredo, Ferrer o Verdasco bien lejos.
Pero tenemos que hacer la aclaración porque la mala suerte tuvo mucho que ver este 2010. Aunque uno está viendo la puerta del retiro y el otro intenta encontrar su nivel top tras una suspensión, las ausencias por lesión de Tommy Haas y Richard Gasquet motivó de emergencia un cuadro lleno de promesas chilenas que no tienen nivel para pasar una ronda,y quitándonos a las dos grandes figuras (después del ‘Feña’) que el público hubiese querido ver…
… incluso en Chicureo.

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