Samba azul
October 23, 2009 · Imprime este artículo
Pese a tener un hombro para la mona, Miguel Pinto se transformó en el líder del aguerrido empate conseguido por Universidad de Chile en su visita al Maracaná, donde enfrentó a Fluminense por el partido de ida de los cuartos de final de la Copa Sudamericana. El golero se transformó en un verdadero murallón para contener las patochadas del Flu, equipo que anda a patadas con los piojos en el Brasileirao -de hecho corriendo serios riesgos de descender-, pero que quería al menos reencantar a su hinchada en el plano internacional.
Con ese objetivo en mente, los cariocas rapidito demostraron que eran los dueños de casa y en medio de una avalancha de llegadas a la valla azul, lograron ponerse en ventaja, tras una tole tole que culminó con un cabezazo de Mauricio Victorino en propia meta y que hizo estéril el vuelo de Pinto. Apenas iban quince minutos y la U apenas pudo lograr que su arco no fuera maculado por segunda vez antes del descanso. Sin embargo, en el complemento, en menos de un minuto, el viejo Fred volvía a vulnerar las redes universitarias.
El 2-0 era mezquino para Fluminense, pero eso se debía en gran parte al ya mentado Pinto, quien a través de su sacrificio y atajadas (incluidas un par al ex UC, Darío Conca), poco a poco comenzó a contagiar a sus compañeros. El elenco de Pepe Basualdo se dio cuenta que el Flu no era un monstruo y que su arquero Rafael, además, era manitos de mantequilla. Así fue como con el pecho inflamado de valentía, Manuel Iturra empezó a guiar el mediocampo azul a terreno rival. Entonces, no fue raro ver que de los pies del mismo Colocho naciera el descuento concretado por un apagado Walter Montillo, quien como excusa podía argüir que estaba a media máquina por una lesión de tobillo.
Lejos de refugiarse, pensando en el gol de visita, la U se dio cuenta que si apretaba un poquito más, el empate los abrazaría a la vuelta de la esquina. por si las moscas, los muchachos se asomaron una vez más y sí, la igualdad ahí los esperaba: un nuevo zapatazo de Iturra, aguantada perfecta de Manuel Villalobos y el Palote Olivera la mandaba a guardar para el 2-2 que persistió hasta la última piteada del paraguayo que ofició de juez y que, de paso, guardó en un baúl todas las dudas existentes en torno a las tensas relaciones existentes entre el plantel y el entrenador Basualdo, a quien no le ha temblado la mano a la hora de violar códigos de camarín, vendiendo por un peso a los que juegan mal, lo que obviamente ha generado malestar en algunas figuras.
Ahora, los azules vuelven al torneo nacional (La Serena y clásico con la Universidad Católica) y el 5 de noviembre disputarán la revancha que determinará el paso o no a semis, donde enfrentarían al vencedor de Cerro Porteño y Botafogo.


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