Un año más gallina que millonario
December 29, 2009 · Imprime este artículo
El terrible accidente automovilístico sufrido por Diego Buonanotte, que le costó la vida a sus tres acompañantes y tiene en riesgo el futuro de su carrera, no hace más que poner el broche más opaco en la que debe ser la peor temporada en la historia del Club Atlético River Plate.
En rigor, la terrible seguidilla del equipo donde Marcelo Salas brillara comenzó en el segundo semestre del año pasado, cuando la escuadra entrenada entonces por Diego Simeone remató último en el Apertura 2008, cosa inédita para una de las instituciones más reconocidas a nivel sudamericano, y mundial. Pero como el “Cholo” había salvado la plata en los primeros seis meses con el primer título en cuatro años, el balance fue más parejo.
Sin embargo, este 2009 tiene todos los ingredientes para que los hinchas “millonarios” lo tachen de sus calendarios para siempre ¿Por dónde partir? Vamos enumerando.
River no sólo terminó sin títulos y eliminado penosamente de la Copa Libertadores en primera ronda, sino que se quedó fuera del plano internacional para la temporada que viene y, lo que es peor, seriamente comprometido con la promoción, que le obligará a tener un enorme Torneo de Clausura para salvarse del descenso.
El cuadro de la banda sangre no está quebrado, pero su situación financiera es cercano a lo deplorable. Todo el dinero obtenido por las ventas de su otrora prolífica cantera ya se ha ido (sin destino claro) y, sin Libertadores, no habrá ingresos importantes para reforzar una plantilla que se cae a pedazos. Para peor, el gran proyecto que prometía entregar algunos millones -Buonanotte- quedó fuera de actividad por al menos siete meses y no asoma ningún otra esperanza de venta relativamente costosa.
Futbolísticamente, el gran refuerzo del año fue Cristián Fabbiani, quien probó que su exagerada popularidad en la hinchada no era más que truco publicitario. No se necesitó más que un par de meses para demostrarle a todos que lo bueno que mostró el Ogro en Lanús (y, en parte, en nuestro Palestino) no eran promesas de algo mejor, sino todo lo que podía entregar. En especial si su deplorable estado físico empeoraba con el tiempo, siendo notable como cada vez que sus cercanos prometían kilos de menos tras intensos trabajos físicos la camiseta banda sangre le seguía quedando más y más angosta. Ahora Fabbiani ya se fue (sin destino aparente) y ningún niño en Buenos Aires pidió la máscara de Schrek para la Navidad.
Nestor Gorosito no es un buen técnico. Fracasó en Nueva Chicago, San Lorenzo, Lanús y Rosario Central y sólo en Argentinos Juniors pudo reir, pero no es tan malo como lució en River. Al mando de un plantel que había perdido a todos sus jugadores clave -Carrizo, Alexis Sanchez y Abreu vendidos más el Burrito Ortega cedido a préstamo a Segunda para que sus problemas con el alcohol no fueran tan notorios- sinceramente no tenía mucho a lo que echar mano. Las figuras eran jugadores de segundo orden en cualquier equipo de River en otra época, como Matías Abelairas, Oscar Ahumada y Paulo Ferrari, tal vez lo más resistidos por el público que igual repletaba el Monumental semana a semana.
Tan mal iban las cosas que a mitad de camino se pensó que un Matías Almeyda con 36 años y retirado hace cuatro podría ser la salvación. “Il Trattorino” no fue un desastre y de hecho fue de lo poco destacado en los últimos meses, al menos por carácter, pero mucho no se le podía pedir. Mostrando la desesperación por recobrar los viejos buenos tiempos, los únicos destellos de calidad llegaron por parte de otros dos super-veteranos: Marcelo Gallardo (33), quien pese a pasar más tiempo lesionado salvó la plata con dos golazos en ambos clásicos contra Boca (ambos empates) y el mismo Burrito (35), que se demostraba todavía capaz de sacar aplausos de la tribuna, aunque sólo cuando su “problema” le permitía estar en condiciones físicas y emocionales para jugar.
Si la desesperación cunde por estos días, la elección de Daniel Pasarella como nuevo presidente -en reemplazo de un José María Aguilar que terminó yendo al estadio con guardaespaldas- lo demuestra. “El Kaiser” sigue siendo un ídolo histórico, pero se fue por una puerta bien angosta a fines del 2007 en un segundo período como técnico para el olvido (donde incluso se le acusó de ser hincha de la niñez de Boca) pero su elección demuestra que en época de vacas flacas ningún pastizal es demasiado malo. Tal como el retorno de Leonardo Astrada, otro que se fue pifiado por todos, pero que parece
Si bien Pasarella ha prometido varias modificaciones, ya ha advertido en sus primeros días que la situación general es terrible y que la solución llegará, pero sólo con paciencia. Claro, hoy por hoy, la salud y futuro (no futbolístico) de Buonanotte es la prioridad, pero el camino para que River vuelva a ser millonario no parece cercano.

Comentarios
Got something to say?