“Yo soy tu padre”
April 30, 2010 · Imprime este artículo
“Al final del partido uno está muy sudado y no viene mal un poco de agua”. Joan Laporta ironizó así frente a la sorpresiva apertura de los aspersores del Nou Camp para espantar a los jugadores de Inter de Milán, quienes celebraban la clasificación a la final de la Champions League, luego de eliminar a Barcelona, el que hasta hace pocos días era el mejor equipo del mundo. El presidente catalán en vez de pedir perdón, mostraba la hilacha, de puro picado y haciéndole un flaco favor al cuadro blaugrana, el cual, de manera contraria al big boss, trató de mantener la frente bien en alto para tratar de revertir la llave.
El 3-1 de la ida fue demoledor para los culé, pero pese a ello intentaron generar un ambiente de infierno para la revancha. “Cuando entren a la cancha se arrepentirán de ser futbolistas”, arengó Gerar Piqué. Los catalanes quería dar la vuelta, porque la recompensa, además de tener la posibilidad de ser bicampeones, era la chance de celebrar en el Santiago Bernabéu, la casa del Real Madrid, su archirrival. Con esa “obsesión” salieron a aplastar a los lombardos bajo su clásico estilo de tocar y tocar el balón, que es pura poesía para el que lo ve, pero una tortura para quien lo sufre.
José Mourinho, técnico de los italianos, sabía que la estrategia era esa, así que ni se arrugó para decirle a su oncena que se preocupara de una sola cosa: defender la ventaja. “Nosotros no queremos la pelota”, les habría dicho en el camarín. Con Diego Milito como único hombre que pasaba la mitad de la cancha, el resto se dedicó al plan, cumpliéndolo rajatabla. Barcelona poseía un control superior al 70 por ciento y la situación se profundizó cuando el brasileño Thiago Motta se fue a las duchas por doble amarilla. El catenaccio, ratonismo o antifútbol, como desee llamarlo, entonces logró un nuevo nivel. Samuel Eto’o hacía casi de lateral izquierdo y la alineación quedó establecida como un 5-4-0.
La defensa interista era una fortaleza efectiva y que fue quemando minutos, además, con triquiñuelas del tipo quedarse más tiempo en el suelo después de una falta. Xavi y Messi, los cerebros culé, eran atosigados constantemente y su libertad de creer fue reduciéndose de manera drástica. Y si por ahí lograban un chispazo, Julio César sabía responder con sus manos para mantener su valla en cero. La gesta se acercaba, pero eso no era garantía de abandonar los padecimientos. Los de la Masía, más allá del nerviosismo que iba cundiendo, no se rendían en su machaque eterno. Tanto golpearon, que cuando el juego ya iba sobre los 80′, Gerard Piqué encontró una fisura y definió con ruleta de Marsella incluida.
Al momento del gol, Mou ya había sacado de la cancha al “delantero” Diego Milito para poner a otro zaguero, el colombiano Iván Córdoba. La vergüenza, obviamente, “The special one” la había guardado en algún secreto lugar en pos del resultado. Barcelona intentó buscar la segunda conquista que podría haberle dado la clasificación. No obstante, el cerrojo no volvió a fallar. El DT portugués salió como insano a celebrar, pese a un intento de ahorcamiento del golero Víctor Valdés. Los aspersores comenzaron a lanzar agua, pero tampoco importó. El Inter se coló en una final de Champions después de 38 años e intentará volver a ganarla, el sábado 22 de mayo, luego de 45. El rival será el BayeMou hablándole a Guardiola, en el oído, en medio del partidorn Munich.

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